Obscurece y María advierte en el todo,
consiste el olvido existencia ya perdida,
soltarlo entre los dedos y verlo alejar,
cuéstale ver lo complejo de la herida,
sus alas y pupilas respirando despedidas.
María no entendió el por qué del despedir,
por qué el alejarse si hay espacio para sí,
quería llorar, correr, arrodillarse y gritar,
María reía, sentaba, intentaba callar.
María supo que temprano dejó de ser,
Se recostó en el sillón y su mundo se cerró.
María se despidió… me dijo que me vería en sus sueños.
sábado, 7 de junio de 2008
María
Desgárrale
Desgárrale los brazos a ver si está llorando,
Desgárrale el cuello al dormir mientras se escapa.
Date cuenta que mientras de ella hablas la desgarras poco a poco
Por qué no le desgarras la vida de una vez.
Acércate y huéleme, huelo a él. Tu también.
Avatares de la muerte
así jugaba con su gubia omnipotente.
Su realidad vestía rostros de vejez,
su soledad pedía rastros de la muerte.
El día volvía y no se daba cuenta,
en el averno de su vida cotidiana.
Le repetía que vivía en soledad,
le demostraba que su vida no pasaba.
Así vivió esculpiendo libertades,
jugando a mostrar vivencia en sus pesares,
Y no fue aún tarde cuando pudo divagar
que eran solo de la muerte avatares.
Por las noches
pienso en eso y mi piel me hace pedazos,
me pesa,
¿Lo entiendes?
como el ave que el volar la hace callar,
me agito,
no entiendo.
Me enchino como perro enloquecido,
reitero que existo y sigo vivo,
me gana,
me mata.
Me mata y trato no pensar,
por eso al dormir suelo callar.
A Ella
A ella habría de pasarle,
sino es lo que me dirán,
que fácil decirlo por alguien
para ella fue fatal.
Caminaba a obscuritas,
con sus manos ligeritas,
pasos lindos y callados
que pedían no mirar.
De repente su carita,
se asomaba muy bonita
y ¡Buenos días! Exclamaba
con su voz de reina, wow.
Día a día la miraba,
sin hacerme percatar,
pues si ella me notaba
no saldría a caminar.
Justo al medio día pasaba,
por mi acera caminaba.
¿viviría aquí cerca?
Nunca la quise seguir,
pues yo mucho me temía
que aquella visión hermosa
convirtiéndose en mentira,
realidad arrasadora.
Prefería recordarla
como aquella muchachita
que por esa, mi acera,
caminaba tan bonita,
sólo pa’ que yo la viera,
y dando vuelta esa esquina,
su existencia no existiera
mas que para mi soñar.
¡Qué mal día! ¡Qué tristeza!
La que inunda mi mañana,
Pues yo salgo recontento,
sólo pensando en ella,
que a la vuelta de la esquina
la encontrara un día más,
con su paso ligerita,
con su manera de andar.
Qué sorpresas da la vida,
pues la he vuelto a encontrar,
como un centro de atención,
como una primera plana.
¡Han matado a mi bonita!
Un borracho nada más
¡Qué injusta es la vida!
pues lo mas significante,
puede hacer significar
toda una pequeña vida
en un fin muy singular.
Un final que patetiza
hasta más humilde vida,
que enferma y nos detiene,
en lo malo y lo grotesco,
en lo impuro y lo vulgar.
Miedo de morir
Tengo miedo de morir antes de hacerlo,
de sentir vaguedad y el ya no ser,
de juzgar un vacío en mí adentro
de dormir antes del amanecer.
No sentir en el alma una mirada,
no jugar con la fuerza de entender,
no llorar con la luz de la mañana,
no observar y lograr el ya no ver.
Si aquel día me llegara sin notarlo,
si me viera ensimismada en lo irreal,
me abriría desde el fondo hasta el cuello,
dejaría el apetito y lo banal.
Descripción de la soledad
en ser que al no volver se ha conformado,
sentir el sin sentido inexistente,
de aquello, que vivido es olvidado.
Mirar el recordar de un pasado,
juzgar por el presente un no futuro,
creer que el universo ha olvidado,
que uno de esos cuantos yace eterno.
Juzgar, y entre el delirio ver camino,
camino percibido blanco y bueno,
tomar el recordar como un impulso,
dejar de sentir el ser difuso.
