A ella habría de pasarle,
sino es lo que me dirán,
que fácil decirlo por alguien
para ella fue fatal.
Caminaba a obscuritas,
con sus manos ligeritas,
pasos lindos y callados
que pedían no mirar.
De repente su carita,
se asomaba muy bonita
y ¡Buenos días! Exclamaba
con su voz de reina, wow.
Día a día la miraba,
sin hacerme percatar,
pues si ella me notaba
no saldría a caminar.
Justo al medio día pasaba,
por mi acera caminaba.
¿viviría aquí cerca?
Nunca la quise seguir,
pues yo mucho me temía
que aquella visión hermosa
convirtiéndose en mentira,
realidad arrasadora.
Prefería recordarla
como aquella muchachita
que por esa, mi acera,
caminaba tan bonita,
sólo pa’ que yo la viera,
y dando vuelta esa esquina,
su existencia no existiera
mas que para mi soñar.
¡Qué mal día! ¡Qué tristeza!
La que inunda mi mañana,
Pues yo salgo recontento,
sólo pensando en ella,
que a la vuelta de la esquina
la encontrara un día más,
con su paso ligerita,
con su manera de andar.
Qué sorpresas da la vida,
pues la he vuelto a encontrar,
como un centro de atención,
como una primera plana.
¡Han matado a mi bonita!
Un borracho nada más
¡Qué injusta es la vida!
pues lo mas significante,
puede hacer significar
toda una pequeña vida
en un fin muy singular.
Un final que patetiza
hasta más humilde vida,
que enferma y nos detiene,
en lo malo y lo grotesco,
en lo impuro y lo vulgar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario