domingo, 8 de junio de 2008

El trabajo de papá

El trabajo de papá

“Nadie es más esclavo que

quien se considera libre sin serlo.”

J. W. Goethe.

Pedro se había esperado un par de días para leer la carta; se puede decir que no había tenido tiempo para leerla, pues sus horas de trabajo habían aumentado desde hace una semana y el poco tiempo que tenía libre, lo usaba para descansar su cuerpo aún no acostumbrado al nuevo ritmo.

Por fin, se dijo a sí mismo que era el momento oportuno. Aguanto sus ojos pesados y durmientes; se sentó en la esquina de su cama, no sin antes abrir su ventana para sentir más cerca la luna, y comenzó a leer:

Hace mucho que no oímos de ti, espero que todo lo que estés viviendo sea como el sueño que nos dijiste. Qué emoción me da saber que se cumplieron tus metas y que ahora estás haciendo lo que te gusta y en un lugar mucho mejor que el que tenemos aquí.

Por aquí las cosas no están tan mal; bueno, podrían estar peor. La otra vez Teresita se enfermó, le dio no se qué de la panza, es una enfermedad que hace que te infles y no puedas comer más, mi mamá estaba muy preocupada y me dijo que no te dijera nada, que lo que menos quería era que tú te preocuparas también; pero no le hice caso, yo sé que es muy importante que te digamos todo lo que nos pasa para que te sientas cerca de nosotros y que veas que sigues siendo nuestro papá. No te preocupes, Teresita ya está casi como si nada, sólo que todavía no va a la escuela. La otra vez que lavábamos los platos ella empezó a mojarme con el agua y yo le seguí, estábamos casi empapados cuando en eso llegó mamá, nos quedamos como estatuas. Mi mamá se acercó al lavabo, agarró una cubeta con agua; pensamos que se iba a ir a trapear enojada, pero en eso nos echó un cubetazo; no sabes qué divertida nos dimos los tres mojándonos por toda la casa; aunque al final tuvimos que limpiar, valió la pena. Me hubiera gustado que estuvieras ahí.

La que noto un poco cansada es a mamá; como ya va al trabajo que le consiguió Doña Conchita, se despierta muy temprano y apenas regresa para darnos de comer y se va de nuevo. En la noche ya no la oigo llegar; la extraño… Mi abuelita dice que no le diga nada, pues que eso lo hace por nosotros para que tengamos dinero para comer y para pagarle al señor que nos va a llevar contigo. Aunque sé que es verdad, me enoja y me enojo con ella y después me siento mal.

¡Qué crees! Pasaron dos cosas que te van a poner muy contento. La primera es que gané el concurso de poesía de la escuela, estoy muy contento porque logré ganarle al presumido de Ricardo, dicen que por haber ganado el concurso ya no tengo que hacer los exámenes que vienen, lo cual es perfecto porque hace más fácil la segunda noticia que te tengo: ¡Ya tengo trabajo! ya podré ayudarlos para que pronto estemos juntos otra vez. A poco no te puse contento.

Todavía no me han dicho muy bien de qué es el trabajo, es en una fábrica que está cerca de aquí, la de ropa muy bonita, ¿te acuerdas? Dicen que me van a dar muchas cosas y que si soy bueno y trabajo bien, me van a pagar más. ¿Te imaginas lo que vamos a poder hacer con todo ese dinero? Si me apuro, en mucho menos tiempo vamos a poder ir a donde tú estás.

Ahora cuéntame, ¿si es cierto lo que dicen de donde vives?, ¿que hay muchos edificios enormes y que ves artistas por todos lados? ¿Ya aprendiste a hablar inglés? Cuéntame todo lo que estás viviendo para que cuando cierre los ojos sueñe que estoy allá contigo hablando inglés y abrazándote al mismo tiempo.

Recuerda que te queremos mucho todos: mi abuelita, Teresita, mamá y yo.

Pedro se quedó en silencio, sus ojos se llenaron de lágrimas hasta el tope y se comenzaron a derramar. Caminaba de un lado a otro tratando de calmarse; se decía a sí mismo que lo que estaba haciendo era para el bien de la familia y que sin la ayuda que él estaba mandando probablemente ya no tendrían casa ni comida para vivir. Sabía que lo que hacía era de gran ayuda; pero sin embargo, se moría de ganas de regresarse corriendo a su hogar, al lado de la familia que tanto necesitaba en aquellos momentos.

Se recostó en la cama, cerró los ojos y se acordó de cuando era pequeño. Estaba en el columpio, iba hacia delante, atrás, adelante, atrás. También se acordó de su perro negro Pepino, de la forma en que le daba la pata, y de cuando corría hacia él para bañarlo a besos cuando regresaba de la escuela… Pronto se sacudió los recuerdos y se durmió deseando que alguna vez sus hijos tuvieran una infancia igual de hermosa que la de sus recuerdos.

Al otro día se levantó a las 3:00 de la mañana, su hora habitual. Después de ponerse sus botas negras que le llegaban a la altura de las rodillas, su traje azul marino manchado por el manejo de maquinaria pesada y su mochila donde albergaba sus instrumentos de trabajo, se puso en marcha.

El trabajo de Pedro no era exactamente un trabajo deseable en una tierra “de oportunidades”. Trabajaba desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche. Tenía un único descanso de media hora para cubrir cualquier necesidad física que se pudiera presentar, incluyendo hambre, mareos a causa del agotamiento o simplemente ganas de ir al baño o tomar agua. Un día, uno de sus compañeros de trabajo, que se encontraba en las mismas condiciones que él, se quejó contra el supervisor de la fábrica; lo único que se ganó fue que lo agarrara la policía y se lo llevaran de regreso a su país por falta de papeles.

Así, Pedro aprendió a callar, aguantar y ser fuerte. Cuando sentía que su cuerpo se desvanecía pensaba en las personitas que dependían totalmente de su cuerpo y de sus energías, se acordaba de los juegos de Teresita con su hermanito Sandrito, de la forma en que su esposa lo miraba con ojos de orgullo y satisfacción. Se los imaginaba pasando un día de hambre y aterrorizado por la imagen se disponía a incluso trabajar horas extras, es decir, no dormir, con tal de que esa imagen espantosa nunca dejara de ser lo que era, sólo una imagen.

Pasaron los días, el terrible estado en el que trabajaba se había convertido en una rutina desagradable, pero a la que alguien, inhumanamente se podría acostumbrar. Fue así como, después de dos semanas desde que llegó la carta de Sandrito, tuvo su primer deseado descanso. En ese día, se le habrían ocurrido lugares hermosos que podía visitar, calles nuevas por las que podía caminar, pero la verdad es que lo único que quería era descansar en su cuarto. Después de despertarse tarde y disfrutar cada minuto que tenía acostado en su cama, creyó que era hora de responder aquella hermosa carta que le habían escrito.

No sabía cómo empezar, no sabía a cuáles preguntas responder; lo único que se le ocurrió es dejar atrás sus pensamientos y su razón y escribir, casi cerrando los ojos, desde lo profundo del corazón:

Querido Sandrito:

Me da mucho gusto que estén tan bien como me platicas, mi corazón se llena de alegría cuando leo las travesuras que hacen y lo mucho que se divierten. Por mi mente vivo los momentos que pasamos juntos una y otra vez; mientras trabajo; mientras camino; mientras duermo; mientras sueño. Perdón si no te había escrito antes, pero la verdad es que tengo mucho trabajo y he estado muy ocupado, aunque prometo escribirles más seguido.

No me extrañen pues yo estoy muy bien. Ya que lo preguntas, el trabajo está muy bien, es tal cual no los imaginábamos en los sueños. La ciudad esta enorme y te sentirías muy pequeño estando rodeado de edificios tan altos y tan bonitos como los que se ven aquí. El trabajo es muy interesante, y tal parece que si sigo trabajando igual de bien como lo estoy haciendo, me subirán el sueldo o me darán un puesto más alto, cualquiera de las dos cosas nos vendrá de maravilla. No me gusta para nada que ya tengas trabajo, ya te dije que tu estas en edad de jugar, divertirte y estudiar, no en estar pensando en cosas de grandes. Te ordeno que no trabajes, pues entre tu mamá y yo ya la estamos llevando muy bien con el dinero y no necesito nada extra de tu parte, sólo que seas buen hijo y que atiendas a tu hermana y a tu mamá en lo que necesiten. Por favor, salte de ese trabajo lo antes posible y dile a tu mamá que digo yo que si se cansa mucho que no se preocupe, que renuncie, yo de todas formas intentaré mandarles más dinero. No sé si van a poder venir pronto, yo quiero que vengan y tengan una casa bonita, y ahora yo estoy viviendo en un lugar pequeño, no pasa nada si nos esperamos un tiempo más. Tú disfruta de tu escuela y de tus amigos; y recuerda que pronto estaremos juntos de nuevo.

Atiende bien a lo que te voy a decir: Es hora de que tú te conviertas en el pilar de la familia mientras yo no estoy. Si tu madre llora, guárdala entre tus brazos y dile que todo saldrá bien, si tu hermana se siente triste o se pelea con tu mamá dile que no se pelee con ella, llévala a comprar un helado y platícale que se debe de comportar como una señorita, no como una bebé malcriada. Cuando tú te sientas triste, cierra los ojos y piensa en mí, piensa que estoy bien y que eso es lo más importante; y por favor no te pongas triste; si tú te pones triste yo me pongo más, pues estoy sólo, así que te quiero imaginar siempre contento. Recuerda que aunque no esté con ustedes, seguimos siendo una familia, una familia que saldrá adelante y se reunirá muy pronto.

Recuerda que vivo por ustedes, son lo más importante para mí y por lo que yo estoy en este mundo, recuerda que siempre estoy pensando en ustedes y que no importa lo que pase, debes tener presente que yo dependo de ustedes y ustedes dependen de mí. Y que lo más importante es que estemos juntos y unidos en nuestros corazones. Ten paciencia si no estamos juntos pronto, pues vendrá el momento y lo gozarás más que nunca.

Recuerda que los amo y que estoy bien, que estoy contento, y que ustedes también. Y otra cosa, no llores de tristeza, pues no nos ha pasado nada malo, tenemos salud, comida y amor.

Tu papá

Terminando la carta, de manera automática su cuerpo se desvaneció. Parecía como si toda la tensión de meses de trabajo se hubiera revelado en ese instante, Pedro cayó de espaldas en la cama y cerró los ojos. Una lágrima se deslizó por su cara llena de arrugas prematuras, intentó levantarse pero no pudo, como si tuviera un bloque de fierro sobre su estómago, intentó tranquilizarse pensando que sólo era tristeza.

Su cuerpo inmóvil no lo dejaba siquiera acomodarse para dormir. Pedro cerró los ojos, esperando pacientemente que esa sensación de inmovilidad terminara de una vez por todas…

No hay comentarios: