martes, 15 de julio de 2008

Sin título

Me dio la mano en el primer suspiro,

me dio su voz cuando el dolor nublado,

entre las hojas de un árbol ya caído,

nublábame la vista y el aliento.


Fue aún uno cuando el temor hurgaba

entre caminos sueltos, ríos ya de tierra

mas no de río, sentía que se quemaba,

mientras su mano y la mía se abrazaban.


Dolor humano, habitación pequeña,

suspiro uno, respiración confusa.

Se junta su alma y antes ser, me mira,

como ave azul que ante su hijo espera.


Sólo así es, me afirma y yo nacía,

sólo este mundo es lo que a tí te espera

toma mi mano, entre dolor y risa,

entre sudor, aliento y buenos días.

jueves, 12 de junio de 2008

Sólo polvo

Bajo las sombras del umbral espero,

atiende,

tal cual una sombra humana me mirase,

y sin temor burlase de mi burda frente.


Jugando a tí me correspondo viva,

escucha,

versátil como quien claridad detiene,

y sin dudar a quien admira atiende.


Humana presiento y al fin detengo,

ya entiendes,

que sólo polvo entre las luces vuelvo,

y sin más lograr que el de un absurdo sueño.

domingo, 8 de junio de 2008

Mírame

Mientras observo mis plantas mido mi vida que pasa,

se hacen gruesas y asquerosas y mientras las veo escupen mi cara

no es de hombres el vestirlas, tal es digno el que las usa.


Veo mis ojos amarillos donde el blanco ya no existe,

pienso, es fruto de los años, es mundial el padecerlo.


Me acerco y veo diferencias de los nuestros

parece el reflejo de lo que vemos

reflejo podrido del blanco al amarillo.


Mientras mis uñas de negras rascan la tierra,

no veas mi piel obscura y rugosa,

es fruto de ti, de ti y tus caprichos.


Es fruto de mí, de mí y mi vacío.

Poema

Haces gresca siempre me siento a tu lado,

más no basta saciedad en tu razón,

inconcuso te dedicas a juzgarme,

incordiando mi existencia, provocando inanición.

No hace falta que dediques un sermón,

no hace falta un adventicio meditado,

me percato que el olvido es necesario,

que prefiero honrar el báratro, antes de tu cruel pasión.

Me es gravoso el mantenerte a mi lado,

como un pérfido atrapado entre una grieta,

depreciado eres sin aún darte cuenta,

inaudito me resulta, tu universo, tu calor.

Sin título

Estaba hablando con ella sobre la cuestión, cuando de pronto me quedé sin habla. Habían pasado ciertamente no menos de dos minutos cuando su imagen abarcó mi mirada. Mi respiración densificó el aire instantes antes ligero y habitable. Cuando volví en mí, ya no estaba; se fue mientras pensaba en ella. Se fue y desapareció antes de que me arrepintiera...

Crecer

Estaba caminando por la calle. Hacía aire y su cabello giraba alrededor de su cabeza alborotándose con las ráfagas de viento. Una que otra hoja seca golpeaba contra su contorno facial y los residuos de basura danzaban entre las aceras y las llantas de los vehículos. Había un silencio relativo, todo el ruido que se pudiera generar a su alrededor era minimizado por la intensidad de sus pensamientos.

De pronto su mirada reflejo una profunda tristeza, sus ojos transfiguraron su sonrisa abierta y renovada hace apenas unos instantes; su labio se cerró siguiendo la obscuridad de su mirada y su brazo derecho tocó el hombro izquierdo con el vago intento de abrazarse a sí misma.

Fue en ese preciso momento cuando se dio cuenta que estaba creciendo, que su vida estaba cambiando y que pronto la seguridad que había experimentado durante tanto tiempo desde los comienzos de su vida iba a desaparecer.

Su pensamiento fue abordado por imágenes sucesivas de momentos de la infancia, como cuando su tío le enseñó a abrocharse los cordones de sus zapatos, o como cuando su hermana le dijo por primera vez cómo era besar a otra persona. Cuando su mamá le enseñó que es normal caerse y abrirse las rodillas, es parte de ser niño y cuando sus padres le enseñaron que lo más importante era sonreír.

Ahora se encontraba expuesta, mientras más crecía más vulnerable se sentía.

Comenzó a caminar más rápido, un sentimiento de estar siendo observada y seguida inundó sus sentimientos. Su respiración se aceleró hasta hacerse notar incluso por encima del abrigo grueso que llevaba puesto. Y pronto sintió los gritos en silencio de su respiración.

Se detuvo. Permaneció en silencio mientras gritaba en su cabeza para intentar callar esas falsas sensaciones que la ponían en peligro. Cerró los ojos, miro el cielo.

Asaltó su pensamiento un recuerdo bien guardado:

-Si corro y me detengo me doy cuenta que no es tan malo, que cuando estás en peligro es muy fácil salvarte. Sólo siéntate en la acera, pon tus manos en el piso y observa lo que camina alrededor de ellas. Pronto verás las hormigas que se acercan a mirar lo que ha pasado. Se encuentran con tus manos y corren a otro lado.

Después voltea al cielo, espera un momento y si tienes suerte verás algún pajarito que pasea a lo lejos. Sigue mirando al cielo, piénsate chiquita. ¿Qué ves? Que eres una parte de este Universo, tan grande y tan bonito, que eres pequeña y lo que te pasa es un problema de hormiga, el problema de rodear la mano, o perder el paso.-

Sus labios recobraron su posición habitual, e incluso improvisaron un poco más. Sentada en la acera, comenzó a reírse de aquel hermoso, simple y sencillo recuerdo. Entendió que no había entendido, que crecer no significa dejar de ser niño. Que es más sabio pensarse en pequeño, y más sencillo vivir en la vida.

Caminó lento, observando sus pasos, sus manos, el aire. Llegó:

-Madrecita querida, soñé que era grande y que no disfrutaba.-

Diálogo atemporal

-¿Alguna vez te imaginaste que ibas a llegar a ser así?-

_Pues no sé, siempre supe que iba a ser un poco extraña, pero supongo que no pensaba cómo, lo único en lo que siempre pensaba es en lo que iba a estudiar, quería hacer algo muy importante, claro… que no sabía qué.-

-Yo también sigo pensando en eso aunque no lo creas, aunque esté estudiando, y me gusta lo que estudio, aún me pregunto en qué me dedicaré. Te parecerá extraño, tú pensabas todo el tiempo en el futuro y yo ahora pienso todo el tiempo en el pasado. Creo que nunca lograré pensar en el presente.-

- No es tan dramático como lo dices, si pensaba en el futuro mucho, pero creo que pensaba también mucho en el presente, es decir, no pensaba en lo absoluto.-

- Bueno, tanto así como que no pensabas en absoluto, eso suena muy idealizado.-

-Sí, tienes razón, pero es lo que considero ahora al no recordar cómo pensaba, si es que pensaba.-

-Y qué… ¿No tienes curiosidad en saber en lo que me he convertido, no sólo a tu juicio superficial, sino en verdad lo que pasa por mi mente, mis deseos, mis sentimientos, todo eso que se le suele atribuir a los humanos?-

-Supongo que en el momento oportuno saldrá por sí sólo lo que me tengas que decir. Por lo que veo tu estas mucho más interesada en abordar todos tus recuerdos pasados, así que creo que seré yo la que tenga que hablar.-

Aquel instante que duró cuatro horas

Íbamos de regreso de ese viaje que tanto tiempo esperé. Habíamos disfrutado al Sol que se había posado sobre la ciudad entera; comido en ese lugar que asemejaba a un ritual gastronómico casi irreal; habíamos encontrado lo que teníamos que encontrar; habíamos visto lo que teníamos que ver.

Regresábamos entonces de ese cansado viaje. Nos encontrábamos en la carretera recta rodeada de ambos lados por selva baja y espesa. Recuerdo que mis ojos se cansaban de intentar observar estático un punto, algo imposible ya que nos íbamos moviendo. El coche nos envolvía y nos separaba de la naturaleza; intentaba bajar la ventanilla pero el aire sonaba demasiado fuerte e impedía que nos sintiéramos cómodos. La noche era bonita; y si volteabas al cielo, en el momento en que las luces de los coches de alrededor no entorpecieran tu mirada, las veías, quietas, eternas, inmensas.

La música fue la protagonista de ese hermoso viaje de regreso. Mientras mi padre y yo permanecíamos en silencio, un silencio pacífico y en el que ninguno de los dos pensó que pudiera existir una mejor forma de llenar el pensamiento. Permanecimos callados, hablándonos con nuestros pensamientos a través de la música:

-Espero que recuerdes este momento que estamos viviendo juntos, pues la vida se reduce a esto. Un instante de momentos. Es tu vida, es la mía.-

-Si lo siento y lo comprendo, los segundos se separan y me dicen que es real, que la vida está pasando y que disfrute, y lo haga pronto, pues pronto habremos llegado a nuestro hogar, y este instante quedará como un instante en el recuerdo.-

…Y no sé, que es lo que hago aquí, oh oh! Y no sé, que es lo que hago aquí.

La canción terminó. Lo miré y lo planté en las raíces de mi memoria, volteé a la ventanilla y contemplé la selva.

Miré al cielo… Cerré los ojos.

Las luces de la ciudad se divisaron a lo lejos y en un instante nos envolvieron. Pronto llegamos; la sensación se iba perdiendo mientras la ciudad iba creciendo alrededor de nosotros hasta desaparecer del todo.

Mi papá se estacionó, apagó el coche y me sonrió. Le sonreí. Sin decir nada nos dimos gracias por ese viaje en carretera, por ese instante de la vida.

Ñe'êndy

Mira, acércate, ella es tu hermana. ¿Bonita, eh? ¿Cómo quieres que se llame, como tu mamá? Te dejo para que lo pienses, tú le pondrás su nombre. Pero recuerda y ten muy claro que el nombre que le pongas va a reflejar su vida entera; un nombre no es cualquier cosa, debe de estar de acuerdo con la naturaleza, de acuerdo contigo, conmigo, con tu madre. Piénsalo bien.

Ahora cárgala… Te sonrió, ¿lo sentiste?

Sin dudarlo un segundo le dije: Papá, creo que ya sé cómo se llamará; ¿Quieres saberlo? Se llamará… Ygary.

Ese día fue un día muy especial. Mi madre se encontraba cansada por el difícil parto que había tenido. Sus ojos brillaban, había dado a luz. Mi padre dijo que lo mejor era dejarla descansar un poco, respetar que había dejado ir a un ser que hace unos segundos formaba parte de ella. Debíamos dejarla meditar el tiempo que para ella fuera necesario. Ese día llevamos por primera vez al río a mi hermanita, a Ygary.

Mi padre la detuvo entre sus manos, de pronto la soltó en el río. Corrí hacia ella intentando levantarla pero mi papá me detuvo.- No tienes por qué tratar de levantarla, sólo observa.- Tenía mucho miedo de que algo le fuera a pasar, pero resultó increíble ver que Ygary estaba nadando, podía mantenerse en la superficie mejor que yo. – Nunca olvides que estamos más adaptados a la naturaleza que a cualquier otra cosa real, somos naturaleza y ella nos acepta de nuevo si nos dejamos llevar.- Era hermoso ver a mi hermana, me metí con ella, la tomé de su pequeño cuerpecito y la puse en mi barriga, me puse boca arriba y floté con ella encima de mí; cerré los ojos. Mis oídos sólo oían las corrientes del río, una paz invadió mi ser, la paz de ese silencio especial que sólo se crea bajo el agua. Ygary cerró los ojos conmigo.

El trabajo de papá

El trabajo de papá

“Nadie es más esclavo que

quien se considera libre sin serlo.”

J. W. Goethe.

Pedro se había esperado un par de días para leer la carta; se puede decir que no había tenido tiempo para leerla, pues sus horas de trabajo habían aumentado desde hace una semana y el poco tiempo que tenía libre, lo usaba para descansar su cuerpo aún no acostumbrado al nuevo ritmo.

Por fin, se dijo a sí mismo que era el momento oportuno. Aguanto sus ojos pesados y durmientes; se sentó en la esquina de su cama, no sin antes abrir su ventana para sentir más cerca la luna, y comenzó a leer:

Hace mucho que no oímos de ti, espero que todo lo que estés viviendo sea como el sueño que nos dijiste. Qué emoción me da saber que se cumplieron tus metas y que ahora estás haciendo lo que te gusta y en un lugar mucho mejor que el que tenemos aquí.

Por aquí las cosas no están tan mal; bueno, podrían estar peor. La otra vez Teresita se enfermó, le dio no se qué de la panza, es una enfermedad que hace que te infles y no puedas comer más, mi mamá estaba muy preocupada y me dijo que no te dijera nada, que lo que menos quería era que tú te preocuparas también; pero no le hice caso, yo sé que es muy importante que te digamos todo lo que nos pasa para que te sientas cerca de nosotros y que veas que sigues siendo nuestro papá. No te preocupes, Teresita ya está casi como si nada, sólo que todavía no va a la escuela. La otra vez que lavábamos los platos ella empezó a mojarme con el agua y yo le seguí, estábamos casi empapados cuando en eso llegó mamá, nos quedamos como estatuas. Mi mamá se acercó al lavabo, agarró una cubeta con agua; pensamos que se iba a ir a trapear enojada, pero en eso nos echó un cubetazo; no sabes qué divertida nos dimos los tres mojándonos por toda la casa; aunque al final tuvimos que limpiar, valió la pena. Me hubiera gustado que estuvieras ahí.

La que noto un poco cansada es a mamá; como ya va al trabajo que le consiguió Doña Conchita, se despierta muy temprano y apenas regresa para darnos de comer y se va de nuevo. En la noche ya no la oigo llegar; la extraño… Mi abuelita dice que no le diga nada, pues que eso lo hace por nosotros para que tengamos dinero para comer y para pagarle al señor que nos va a llevar contigo. Aunque sé que es verdad, me enoja y me enojo con ella y después me siento mal.

¡Qué crees! Pasaron dos cosas que te van a poner muy contento. La primera es que gané el concurso de poesía de la escuela, estoy muy contento porque logré ganarle al presumido de Ricardo, dicen que por haber ganado el concurso ya no tengo que hacer los exámenes que vienen, lo cual es perfecto porque hace más fácil la segunda noticia que te tengo: ¡Ya tengo trabajo! ya podré ayudarlos para que pronto estemos juntos otra vez. A poco no te puse contento.

Todavía no me han dicho muy bien de qué es el trabajo, es en una fábrica que está cerca de aquí, la de ropa muy bonita, ¿te acuerdas? Dicen que me van a dar muchas cosas y que si soy bueno y trabajo bien, me van a pagar más. ¿Te imaginas lo que vamos a poder hacer con todo ese dinero? Si me apuro, en mucho menos tiempo vamos a poder ir a donde tú estás.

Ahora cuéntame, ¿si es cierto lo que dicen de donde vives?, ¿que hay muchos edificios enormes y que ves artistas por todos lados? ¿Ya aprendiste a hablar inglés? Cuéntame todo lo que estás viviendo para que cuando cierre los ojos sueñe que estoy allá contigo hablando inglés y abrazándote al mismo tiempo.

Recuerda que te queremos mucho todos: mi abuelita, Teresita, mamá y yo.

Pedro se quedó en silencio, sus ojos se llenaron de lágrimas hasta el tope y se comenzaron a derramar. Caminaba de un lado a otro tratando de calmarse; se decía a sí mismo que lo que estaba haciendo era para el bien de la familia y que sin la ayuda que él estaba mandando probablemente ya no tendrían casa ni comida para vivir. Sabía que lo que hacía era de gran ayuda; pero sin embargo, se moría de ganas de regresarse corriendo a su hogar, al lado de la familia que tanto necesitaba en aquellos momentos.

Se recostó en la cama, cerró los ojos y se acordó de cuando era pequeño. Estaba en el columpio, iba hacia delante, atrás, adelante, atrás. También se acordó de su perro negro Pepino, de la forma en que le daba la pata, y de cuando corría hacia él para bañarlo a besos cuando regresaba de la escuela… Pronto se sacudió los recuerdos y se durmió deseando que alguna vez sus hijos tuvieran una infancia igual de hermosa que la de sus recuerdos.

Al otro día se levantó a las 3:00 de la mañana, su hora habitual. Después de ponerse sus botas negras que le llegaban a la altura de las rodillas, su traje azul marino manchado por el manejo de maquinaria pesada y su mochila donde albergaba sus instrumentos de trabajo, se puso en marcha.

El trabajo de Pedro no era exactamente un trabajo deseable en una tierra “de oportunidades”. Trabajaba desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche. Tenía un único descanso de media hora para cubrir cualquier necesidad física que se pudiera presentar, incluyendo hambre, mareos a causa del agotamiento o simplemente ganas de ir al baño o tomar agua. Un día, uno de sus compañeros de trabajo, que se encontraba en las mismas condiciones que él, se quejó contra el supervisor de la fábrica; lo único que se ganó fue que lo agarrara la policía y se lo llevaran de regreso a su país por falta de papeles.

Así, Pedro aprendió a callar, aguantar y ser fuerte. Cuando sentía que su cuerpo se desvanecía pensaba en las personitas que dependían totalmente de su cuerpo y de sus energías, se acordaba de los juegos de Teresita con su hermanito Sandrito, de la forma en que su esposa lo miraba con ojos de orgullo y satisfacción. Se los imaginaba pasando un día de hambre y aterrorizado por la imagen se disponía a incluso trabajar horas extras, es decir, no dormir, con tal de que esa imagen espantosa nunca dejara de ser lo que era, sólo una imagen.

Pasaron los días, el terrible estado en el que trabajaba se había convertido en una rutina desagradable, pero a la que alguien, inhumanamente se podría acostumbrar. Fue así como, después de dos semanas desde que llegó la carta de Sandrito, tuvo su primer deseado descanso. En ese día, se le habrían ocurrido lugares hermosos que podía visitar, calles nuevas por las que podía caminar, pero la verdad es que lo único que quería era descansar en su cuarto. Después de despertarse tarde y disfrutar cada minuto que tenía acostado en su cama, creyó que era hora de responder aquella hermosa carta que le habían escrito.

No sabía cómo empezar, no sabía a cuáles preguntas responder; lo único que se le ocurrió es dejar atrás sus pensamientos y su razón y escribir, casi cerrando los ojos, desde lo profundo del corazón:

Querido Sandrito:

Me da mucho gusto que estén tan bien como me platicas, mi corazón se llena de alegría cuando leo las travesuras que hacen y lo mucho que se divierten. Por mi mente vivo los momentos que pasamos juntos una y otra vez; mientras trabajo; mientras camino; mientras duermo; mientras sueño. Perdón si no te había escrito antes, pero la verdad es que tengo mucho trabajo y he estado muy ocupado, aunque prometo escribirles más seguido.

No me extrañen pues yo estoy muy bien. Ya que lo preguntas, el trabajo está muy bien, es tal cual no los imaginábamos en los sueños. La ciudad esta enorme y te sentirías muy pequeño estando rodeado de edificios tan altos y tan bonitos como los que se ven aquí. El trabajo es muy interesante, y tal parece que si sigo trabajando igual de bien como lo estoy haciendo, me subirán el sueldo o me darán un puesto más alto, cualquiera de las dos cosas nos vendrá de maravilla. No me gusta para nada que ya tengas trabajo, ya te dije que tu estas en edad de jugar, divertirte y estudiar, no en estar pensando en cosas de grandes. Te ordeno que no trabajes, pues entre tu mamá y yo ya la estamos llevando muy bien con el dinero y no necesito nada extra de tu parte, sólo que seas buen hijo y que atiendas a tu hermana y a tu mamá en lo que necesiten. Por favor, salte de ese trabajo lo antes posible y dile a tu mamá que digo yo que si se cansa mucho que no se preocupe, que renuncie, yo de todas formas intentaré mandarles más dinero. No sé si van a poder venir pronto, yo quiero que vengan y tengan una casa bonita, y ahora yo estoy viviendo en un lugar pequeño, no pasa nada si nos esperamos un tiempo más. Tú disfruta de tu escuela y de tus amigos; y recuerda que pronto estaremos juntos de nuevo.

Atiende bien a lo que te voy a decir: Es hora de que tú te conviertas en el pilar de la familia mientras yo no estoy. Si tu madre llora, guárdala entre tus brazos y dile que todo saldrá bien, si tu hermana se siente triste o se pelea con tu mamá dile que no se pelee con ella, llévala a comprar un helado y platícale que se debe de comportar como una señorita, no como una bebé malcriada. Cuando tú te sientas triste, cierra los ojos y piensa en mí, piensa que estoy bien y que eso es lo más importante; y por favor no te pongas triste; si tú te pones triste yo me pongo más, pues estoy sólo, así que te quiero imaginar siempre contento. Recuerda que aunque no esté con ustedes, seguimos siendo una familia, una familia que saldrá adelante y se reunirá muy pronto.

Recuerda que vivo por ustedes, son lo más importante para mí y por lo que yo estoy en este mundo, recuerda que siempre estoy pensando en ustedes y que no importa lo que pase, debes tener presente que yo dependo de ustedes y ustedes dependen de mí. Y que lo más importante es que estemos juntos y unidos en nuestros corazones. Ten paciencia si no estamos juntos pronto, pues vendrá el momento y lo gozarás más que nunca.

Recuerda que los amo y que estoy bien, que estoy contento, y que ustedes también. Y otra cosa, no llores de tristeza, pues no nos ha pasado nada malo, tenemos salud, comida y amor.

Tu papá

Terminando la carta, de manera automática su cuerpo se desvaneció. Parecía como si toda la tensión de meses de trabajo se hubiera revelado en ese instante, Pedro cayó de espaldas en la cama y cerró los ojos. Una lágrima se deslizó por su cara llena de arrugas prematuras, intentó levantarse pero no pudo, como si tuviera un bloque de fierro sobre su estómago, intentó tranquilizarse pensando que sólo era tristeza.

Su cuerpo inmóvil no lo dejaba siquiera acomodarse para dormir. Pedro cerró los ojos, esperando pacientemente que esa sensación de inmovilidad terminara de una vez por todas…

Julián

Muchas habían oído hablar de él, pocos lo conocían. Los que lo habían visto alguna vez afirmaban que su cabello era duro y negro, que sus brazos tenían cicatrices que armonizaban con el color brillante de su piel y que caminaba como si siempre se dirigiera a algún lugar en específico mientras daba vueltas en un mismo lugar. Su nombre era Julián, y aunque nadie lo conociera realmente, él conocía de forma perfecta a cada uno de los merodeadores , viejos, jóvenes y los habitantes nuevos del lugar.

Mirar el Sol

Llevan apenas dos años de casados, aún no han pensado en hijos pues prefieren que la situación mejore un poco para poder planear un futuro mejor.

Ella; callada, de tez increíblemente suave; él, torpe al caminar, de cuerpo corpulento, un cuerpo que sólo refleja protección. Ella de corazón blando; él, también. Con sueños y esperanzas importantes. Sueñan con que la pobreza se acabe, las diferencias sociales, la desigualdad, el odio. Piden un mundo sin sangre ni torturas.

Ella, no sabe de qué manera lograrlo; intenta resolverlo recargándose en un sillón del balcón que da justamente al atardecer. Ahí permanece absorta, observa el hastío mientras la luz baña su cara tierna y sonrojada. Se pregunta sobre la infinidad de la existencia. El Universo, el tiempo y el espacio.

Eso lo logra el Sol, y no sólo el Sol; también el sillón que se encuentra en el balcón de su cuarto que da al atardecer. Nada está puesto al azar. Las cosas son como son porque nos presentan una llave a la introspección, nos preguntan qué somos y por qué existimos así. Cómo nos creamos y cuál es el siguiente paso que debemos de dar, cuál es la forma de dar ese paso.

Así, el sillón que se encuentra en el balcón del cuarto que da al atardecer la hace recordad de esa ínfima existencia en que ella, y la humanidad, se convierten. Una lágrima brota y se desliza por su mejilla. Él, se acerca, la limpia y se sienta junto a ella. Permanecen en silencio los dos; él no pregunta nada pues sabe la razón de esa lágrima. Sabe que el pesar aparece en las tardes mientras ella observa al Sol.

La mosca

Carlos se despertó temprano. No había sido realmente su decisión, fue algo mas bien obligado después de que mantuvo una lucha constante con una mosca que no lo dejaba dormir.

La oyó por primera vez alrededor de las dos de la madrugada, se paró cerca de su oído izquierdo. Carlos estaba soñando el mismo sueño que tiene desde que aprendió a recordar, por lo que no le molestó la interrupción. Se sabía cada mínimo detalle, e incluso dormido, siempre intentaba encontrarle un matiz o un significado nuevo que proporcionara una nueva pista para lograr, por fin, soñar algo más.Intentó verla, su cuarto no le ayudaba mucho. De pequeño fue diagnosticado con fotosensibilidad por lo que siempre procuró que su habitación fuera un lugar dedicado a la hibernación, fuera del alcance de toda luz que pudiera afectar su morada. Exponerse a la luz no era peligroso para él pero sí fastidioso, así que la única forma en la que podía dormir bien era en la total oscuridad.

No pudo ver nada, el trabajo de las pupilas, intentaban con toda su capacidad encontrar un poco de luz pero su esfuerzo fue en vano. Tratando de subordinar lo que la mosca le estaba ocasionando se dijo a sí mismo que lo mejor era volver a dormir, creyendo que el sonido de la mosca se apagaría tarde o temprano.

No fue así y la lucha continuó, por intervalos de intensidad, hasta la mañana.

La luz comenzaba a asomarse por entre la puerta de entrada, así que decidió que era mejor entender que el sueño no iba a regresar, era mejor empezar el día con ardua actividad, para conciliar el sueño temprano y profundo.Fue entonces cuando la vio, parada precisa frente a él. Parecía que era ella la que había estado vigilando a Carlos todo el tiempo, no al revés. Carlos se impresionó por la forma en la que ella estaba inmóvil, aún cuando él comenzaba a acercarse demasiado, ella parecía no tener miedo; al contrario, Carlos sentía que había un ambiente de ansiedad, por las dos partes, de cruzar miradas fijas. Se quedaron un minuto intercambiando miradas fijas, miradas que no podían ser perturbadas inclusive con ráfagas de movimientos contiguos presentándose alrededor de su perímetro visual. Carlos sabía que había sido muy poco tiempo, aunque el lo sintió como una eternidad.Había sido uno de los encuentros más interesantes que Carlos había tenido con alguien; bueno, con algo. El sintió como si sus vidas hubieran pasado en un instante. Se sintió conectado con la mosca; parecía que ella sabía todo de él, y comenzaba a saber más de ella misma.En un instante, ella voló y desapareció por la pequeña abertura entre la puerta y el exterior.

Fuera de eso Carlos tuvo un día muy normal. Colocó el café, salió a comprar el periódico y se sentó a leerlo en el patio techado de enfrente de su casa, para que la luz en vez de ser perturbadora, se convirtiera en su compañero ayudante de lectura. En el periódico demostraban la obra en escena en el Teatro Municipal, una que otra noticia de firmas de tratados internacionales y, por supuesto, los obituarios.Dejó su café a la mitad, no le gustaba sentir el polvo de café mal revuelto, así que prefería dejarlo antes de sentir un trago más amargo de lo normal. Puso el periódico en la pila de periódicos de los días pasados, y se dirigió al servicio postal, su “trabajo temporal”, como el le solía llamar. Antes de abrir la puerta de salida, se detuvo un momento a reflexionar sobre su encuentro en la mañana, sonrió, y siguió su camino.

Llegó a su casa ya pasada la medianoche; su plan de una siesta sabatina y que según él se extendería hasta el otro día, fue saboteado por su ya planeada, sin que el la recordara, reunión de dominó. Su cuerpo deseaba sentir su cama tanto como un niño desea salir a la calle en tiempos de nevada, ansioso por sentir la nieve entre sus dedos y la frescura de los copos pasando por su frente hasta llegar a la lengua ya derretidos.

Sin tener deseos de hacer otra cosa más que tender el cuerpo en su cama, decidió acostarse en su ropa de trabajo, pensando que mañana encontraría en su guardarropa algo que lo salvara de la situación. Apagó la luz y acto seguido se aventó a su cama como alguien que invadido por un veneno mortífero, pierde la noción de sus extremidades.Un minuto después, al menos es lo que sintió que pasó debido a la profundidad de su sueño, volvió a oír el maldito sonido del aleteo de la mosca. Carlos alcanzó a distinguirlo entre todos los aleteos de moscas que oyó durante toda su vida. Este, según él, era un aleteo muy particular que podía distinguir entre miles de moscas. Era el mismo aleteo del día anterior.Dejó a un lado toda la interconexión casi espiritual que había tenido con ese ser, conmovido por una rabia que elevó su ritmo cardiaco en menos de un segundo, sus sentidos parecían haber cobrado vida propia, habían desobedecido su naturaleza de empleados impuesta por el sistema nervioso y se disponían buscar ese alborotador.

Esta vez no tardó mucho en encontrarlo. La mosca cometió el error de pararse en el muslo derecho de Carlos; quizá no fue un error, quizá la mosca había sentido también esa ambigua conexión y la había interpretado como un nuevo lazo de amistad. Ella estaba totalmente paralizada, y no una paralización que resulta de un miedo a lo desconocido; era mas bien una paralización ocasionada por la contemplación hacia lo desconocido, por la emoción de visualizar a un ser ya conocido.Carlos, por no querer cometer ningún error esta vez, caminó con paso firme pero sigiloso, cuidándose de no mover tanto la pierna ya ocupada, hacia la puerta. Su plan era perfecto, la mosca no se iba a mover de su pierna, el lo sabía, abriría lo suficiente la puerta para aceptar el paso de la luz, acercaría su palma con movimientos pausados y de porte determinado hacia la mosca y en un instante canalizaría toda su fuerza hacia ese deseado blanco.

Su plan funcionó perfecto, la mosca se deslizó por el aire hasta caer al suelo. Pero algo salió mal… Toda esa rabia que había sentido en un instante hacia esa mosca había sido invadida por otro sentimiento, mucho más profundo, masivo y desalentador.

No sólo había matado, sino que la muerte en persona había invadido todo su ser. La mosca, una vez más, había encontrado la forma de conectarse de otra manera con Carlos. Esta vez, no había ganadores. Carlos no sintió tristeza ni dolor, sintió algo mucho peor, soledad. Por primera vez se vio a sí mismo, se reconoció. Se dio cuenta que lo que la mosca le había hecho sentir era a él mismo, a él mismo lleno de soledad y de muerte. Entendió la simplicidad de la vida, pero demasiado tarde, puesto que la forma en que por fin la entendió, fue con la complejidad de la muerte.

FIN

sábado, 7 de junio de 2008

María

Obscurece y María advierte en el todo,
consiste el olvido existencia ya perdida,
soltarlo entre los dedos y verlo alejar,
cuéstale ver lo complejo de la herida,
sus alas y pupilas respirando despedidas.

María no entendió el por qué del despedir,
por qué el alejarse si hay espacio para sí,
quería llorar, correr, arrodillarse y gritar,
María reía, sentaba, intentaba callar.

María supo que temprano dejó de ser,
Se recostó en el sillón y su mundo se cerró.

María se despidió… me dijo que me vería en sus sueños.

Desgárrale

Desgárrale la piel y observa lo rojo que vive dentro de sí.

Desgárrale los brazos a ver si está llorando,

Desgárrale el cuello al dormir mientras se escapa.

Date cuenta que mientras de ella hablas la desgarras poco a poco

Por qué no le desgarras la vida de una vez.


Acércate y huéleme, huelo a él. Tu también.

Avatares de la muerte

Así esculpía Eleasar su libertad,
así jugaba con su gubia omnipotente.
Su realidad vestía rostros de vejez,
su soledad pedía rastros de la muerte.

El día volvía y no se daba cuenta,
en el averno de su vida cotidiana.
Le repetía que vivía en soledad,
le demostraba que su vida no pasaba.

Así vivió esculpiendo libertades,
jugando a mostrar vivencia en sus pesares,
Y no fue aún tarde cuando pudo divagar
que eran solo de la muerte avatares.

Por las noches

En la noche mientras duermo me resalto,

pienso en eso y mi piel me hace pedazos,

me pesa,

¿Lo entiendes?
Me despierto y procuro olvidar,

como el ave que el volar la hace callar,

me agito,

no entiendo.

Me enchino como perro enloquecido,

reitero que existo y sigo vivo,

me gana,

me mata.

Me mata y trato no pensar,

por eso al dormir suelo callar.

A Ella

A ella habría de pasarle,

sino es lo que me dirán,

que fácil decirlo por alguien

para ella fue fatal.

Caminaba a obscuritas,

con sus manos ligeritas,

pasos lindos y callados

que pedían no mirar.

De repente su carita,

se asomaba muy bonita

y ¡Buenos días! Exclamaba

con su voz de reina, wow.

Día a día la miraba,

sin hacerme percatar,

pues si ella me notaba

no saldría a caminar.

Justo al medio día pasaba,

por mi acera caminaba.

¿viviría aquí cerca?

Nunca la quise seguir,

pues yo mucho me temía

que aquella visión hermosa

convirtiéndose en mentira,

realidad arrasadora.

Prefería recordarla

como aquella muchachita

que por esa, mi acera,

caminaba tan bonita,

sólo pa’ que yo la viera,

y dando vuelta esa esquina,

su existencia no existiera

mas que para mi soñar.

¡Qué mal día! ¡Qué tristeza!

La que inunda mi mañana,

Pues yo salgo recontento,

sólo pensando en ella,

que a la vuelta de la esquina

la encontrara un día más,

con su paso ligerita,

con su manera de andar.

Qué sorpresas da la vida,

pues la he vuelto a encontrar,

como un centro de atención,

como una primera plana.

¡Han matado a mi bonita!

Un borracho nada más

¡Qué injusta es la vida!

pues lo mas significante,

puede hacer significar

toda una pequeña vida

en un fin muy singular.

Un final que patetiza

hasta más humilde vida,

que enferma y nos detiene,

en lo malo y lo grotesco,

en lo impuro y lo vulgar.

Miedo de morir

Tengo miedo de morir antes de hacerlo,

de sentir vaguedad y el ya no ser,

de juzgar un vacío en mí adentro

de dormir antes del amanecer.


No sentir en el alma una mirada,

no jugar con la fuerza de entender,

no llorar con la luz de la mañana,

no observar y lograr el ya no ver.


Si aquel día me llegara sin notarlo,

si me viera ensimismada en lo irreal,

me abriría desde el fondo hasta el cuello,

dejaría el apetito y lo banal.

Descripción de la soledad

Sentir que el tiempo pasa convertido,

en ser que al no volver se ha conformado,

sentir el sin sentido inexistente,

de aquello, que vivido es olvidado.



Mirar el recordar de un pasado,

juzgar por el presente un no futuro,

creer que el universo ha olvidado,

que uno de esos cuantos yace eterno.



Juzgar, y entre el delirio ver camino,

camino percibido blanco y bueno,

tomar el recordar como un impulso,

dejar de sentir el ser difuso.